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El “Cryptkeeper” y el elevador

¡Es momento de otra anécdota!

Salí del trabajo, me compré algo de comer y vine a mi apartamento. Estaciono, llego hasta el portón del ascensor, y allí estaba ella. La vecina más escalofriante que he visto en todo el edificio, que supera por millas a la que una vez me sermoneó sobre el significado de las festividades de Halloween. “¿Qué la hace escalofriante?”, te preguntarás. Pues sencillo: se parece al Cryptkeeper. Sin metirte.

Una estampa visual representativa de lo acontecido.

Una estampa visual representativa de lo acontecido.

 
Está estática. Solo me observa, mientras me ve haciendo malabares para sacar de mi bolsillo la llave del portón, pues ando cargado con un bulto, las llaves del carro, la comida… Me sigue mirando. De pronto comienza a moverse y pienso: “Ah, qué señora más gentil. Viene a abrirme el portón”. Pero los pasos que da son para entrar en el elevador.

Consigo sacar la llave de mi bolsillo, y con dificultad, logro abrir el portón, a todas estas, pensando: “Bueno, al menos va a detener el ascensor”. Entro al pasillo y camino rápido hacia el elevador. Quienes me conocen, saben que doy pasos de gigante y caminar rápido en mi caso casi equivale a correr. Pero mi velocidad no hizo diferencia. Las puertas del ascensor se cerraron a un pie de mi brazo. Pensé en decirle algo, pero el angelito sobre mi hombro derecho me dijo: “Cálmate, Jose. Es tu vecina, aprende a convivir con los vivos”. Y aunque sé que tiene razón, en ese momento pensé que mi ángel estaba siendo sarcástico.

Me quedé esperando, con las manos llenas, a que regresara el elevador, mientras recordaba un estatus que puso una amiga ayer… “No hay peor maldad que la de esa persona que permite que se cierre la puerta del elevador mientras te mira a los ojos”.

Al menos ya no me siento mal de pensar que esa señora se parece al Cryptkeeper. Ahora sé que ES el Cryptkeeper. Es obvio. Nadie que no esté podrido por dentro sería tan desconsiderado. 🙂

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